Romántica y hermosa...
Por Antonio Romano Un sol intenso promete un día agobiante como los tantos del verano en la ciudad, sobre la calle de tierra un camión hormigonero vuelca la mezcla, los obreros se disponen a esparcir el hormigón, una señora entrada en años con el rostro esculpido por el tiempo, de esas muchas que hay por los barrios, se acerca abriendo los brazos como quien saluda al hijo que vuelve al pago y abraza a uno que esta entreverado entre los obreros. — ¡Gracias! Hace treinta años que esperamos que asfalten — dice la señora mientras lo abraza. — ¡Gracias por su apoyo! — responde el. — ¡Muchas gracias! Por todo lo que hace por el barrio — continúa ella, mientras lo despide con un beso en la mejilla. — Estamos ordenando la ciudad — dice el despidiéndose. Se entremezcla entre un grupo de personas que se acercaron al notar su presencia, saluda, habla, escucha, hace ademanes con las manos, se abraza, ...

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